Conociendo a Jesús
El cáracter perfecto del maestro
Conocer a Jesús es mucho más que adquirir conocimiento
sobre Su vida o memorizar Sus enseñanzas; es entrar en
un proceso de transformación que comienza en el interior
y se refleja en cada área de nuestra existencia. Jesús no
vino únicamente a hablar del Padre, Él vino a revelarlo.
Su vida fue la manifestación visible de un carácter perfecto, íntegro y completamente alineado con la voluntad de
Dios.
El Maestro no vivió a medias. No actuó por emociones
desordenadas ni respondió conforme a la naturaleza caída
del hombre. Cada una de Sus acciones estaba guiada por
una intención pura, por una obediencia absoluta y por un
compromiso total con el propósito eterno. En Él no hubo
doblez, ni incoherencia, ni contradicción. Jesús es, en sí
mismo, el estándar perfecto.
Cuando observamos Su vida, entendemos que la perfección no es un concepto abstracto, sino una realidad vivida.
Jesús siempre dio lo mejor, siempre respondió con verdad,
siempre actuó con justicia y siempre caminó en amor. Su
carácter no cambiaba según las circunstancias, porque Su
identidad estaba firme en el Padre.
Por eso, cuando Él declara: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”
(Mateo 5:48), no está estableciendo una carga imposible,
sino revelando el diseño original del hombre: reflejar a
Dios. Este llamado confronta nuestra manera de vivir. Nos lleva a preguntarnos si realmente estamos dando a Dios lo
mejor o si solo le ofrecemos lo que nos sobra. Porque la
realidad es que muchos han aprendido a vivir una vida
espiritual superficial, donde se exige mucho de Dios, pero
se entrega poco a cambio.