Sin paño tibio
Esta novela germinó como un gusanillo incesante desde
que nació en mí la pasión por la lectura, pues crecí escuchando
a mi madre contar, como canción de cuna, la agonía que vivió
a sus once años en compañía de su hermana mayor, de trece
en ese entonces, cuando un grupo de militares llegaron a la
comunidad de Palma Sola, donde se congregaban religiosos
seguidores de las doctrinas de Liborio, disparando contra los
hombres quienes respondían con piedras, lo que se llamó: La
Matanza de Palma Sola. Por estos muertos nadie pagó, ni un
centavo, ni una lágrima de cocodrilo, ni un infame minuto
de libertad. ¿Y quién iba a pagar? Demasiados culpables,
demasiadas mentes obrantes y manos metidas.
En principio la idea era solo relatar lo contado ocurrido
aquel día, pero investigando un poco más allá y conociendo
que entre los agentes del orden que pudieron verse como
asesinos en la masacre, algunos convergieron en los
acontecimientos sucesivos como el golpe de Estado de 1963, y
posteriormente arriesgaron sus pellejos por la democracia en
La Revolución de Abril del 1965 y La Segunda Intervención
Norteamericana, llegando a considerárseles, incluso, héroes
nacionales, entendí entonces que merecía la pena seguir
escribiendo la historia que se cuenta así.