El Poder del evangelio
Cómo convertir nuestros niños en discípulos de Cristo
DIOS ES AMOR. Cada elemento de su creación es una expresión de su carácter. Los hermosos diseños y detalles creados, tanto macros como micros, son evidencia de un Creador extraordinario. Cada estrella que brilla en el cielo, cada planta, cada fruta, cada flor, cada criatura, sea terrestre, marina o voladora, así como sus colores y exquisitos terminados, nos hablan de un Creador inteligente, pero sobre todo amante. Bien decía uno de los párrafos de la famosa canción: “Por amor ha existido en el mundo/Siempre tanta belleza/Y el color de la naturaleza/Se pintó por amor”.
Aun en un mundo pecaminoso podemos ver cómo el amor ha sido grabado en los códigos genéticos de la gran mayoría de criaturas que lo habitan. Es impresionante ver cómo animales, con poca inteligencia, reaccionan frente a otros de su misma especie, protegiéndolos, y en ocasiones expresando acciones de cariño y afecto entre ellos. Pero cuando hablamos de amor, es en los seres humanos donde este encuentra una de sus máximas expresiones.
El amor que une a los seres humanos entre sí es más que un instinto, más que una perturbación química de las glándulas endocrinas. El amor ha inspirado las más grandes obras de arte, el más noble heroísmo, la más fina devoción. Nuestras experiencias relacionadas con el amor son un reflejo esencial de nuestra semejanza con nuestro Padre celestial. El deseo de Dios desde el mismo principio, fue inculcar su amor en la humanidad. El amor surgió por primera vez en Adán y Eva, la primera pareja humana, y pasó escrito en lo más profundo de nuestro ADN, de padres a hijos.
El poder del evangelio compromete primero a los padres,
luego a los maestros y finalmente a toda la iglesia en la privilegiada
labor que Dios nos otorga de velar por el desarrollo espiritual
de nuestros hijos.
Como padres tenemos la responsabilidad de mantener nuestra
comunión y devoción personal con el Señor. El amor de
Cristo practicado diariamente en nuestros hogares modelará
los caracteres de nuestros hijos. A través del poder del evangelio,
las vidas de nuestros hijos serán transformadas y tocadas de
forma que podrán acercarse con confianza ante su Dios.
De manera fácil de entender, El poder del evangelio presenta
los tres elementos fundamentales para la permanencia de nuestros
hijos en una relación con Dios: Amar a Dios, rendirse a Dios
y obedecer a Dios.
Son muchos los padres cristianos que no entienden qué pasó,
que sus hijos se alejaron tanto de Dios que luego resultó prácticamente
imposible atraerlos nuevamente. Aunque no existe una
fórmula particular que garantice la permanencia de nuestros
hijos en la fe cristiana, es necesario que todos los padres —que
somos instrumentos en las manos de Dios— aprendamos los
principios básicos que pueden ayudar a nuestros hijos a desarrollar
una relación saludable con el Señor.
Como padre que soy, y nacido en un hogar cristiano, he podido
verme como parte de la estadística presentada por el autor de
este libro. Mi más profundo deseo es que mis hijos y los hijos de
mis hijos a través de las generaciones, conozcan a su Creador
y Redentor, que los ama de manera incondicional, y sean fieles
seguidores de su Palabra.
Personalmente me he visto retratado en esta obra, y sé que
todo padre cristiano será altamente bendecido por medio de las
enseñanzas plasmadas por su autor. Esta obra nos llega en un
momento crucial de la historia del mundo, donde todas las familias
que componen el pueblo remanente de Dios deben contar
con una clara visión que los arraigue en Cristo y en su amor.